Nuevos patrones, nuevas expectativas
23 Enero, 2012 por conseju3
El pasado 16 de enero tomaron posesión los últimos cargos principales del Ministerio de Justicia completando así el organigrama básico de este Departamento. Eran nombramientos esperados por su especial trascendencia en nuestro Cuerpo. Ya teníamos conocimiento de la supresión de la Dirección General de Modernización que, de acuerdo con el organigrama y correspondiente asignación de funciones del Ministerio anterior, ostentaba la Secretaría General de la Administración de Justicia y la presidencia del Consejo del Secretariado. Ahora estas funciones son recogidas por el Secretario General de Modernización y Relaciones con la Administración de Justicia. Con ello se retuerce un poco más la asimetría entre el texto de nuestro Reglamento Orgánico y los sucesivos y cambiantes organigramas ministeriales, lo que resta estabilidad a nuestra norma reglamentaria exigida de una nomenclatura centrada exclusivamente en lo funcional y alejada de los ajetreos orgánico-ministeriales (todo ello ya tratado en los debates de elaboración del informe del Consejo del Secretariado a la proyectada reforma reglamentaria y que habrá que retomar con más énfasis, si cabe).
Así, nuestra jefatura recae en D. Joaquín Silguero Estagnan. Lo cierto es que no puedo ocultar cierto optimismo y positivas expectativas, aún sólo a partir de las primeras declaraciones de intenciones tras la correspondiente toma de posesión. Así, en el propio relato del acto señalado que ofrece el Ministerio de Justicia en su nota de prensa se expresa, entre otros objetivos: “El ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, ha señalado hoy algunos de los retos más importantes a los que deberán hacer frente los altos cargos del ministerio que han tomado posesión esta mañana. La necesidad de que la Nueva Oficina Judicial funcione………”. Parece una obviedad pero no lo es tanto si atendemos a los precedentes que se remontan casi dos años y medio atrás.
Es asumido por todos que el modelo de organización actual de la justicia, y especialmente de su administración, ha quedado obsoleto hace mucho y se patentiza cada vez más cuando las circunstancias demandan con razonada exigencia unos estándares de calidad y eficacia que este modelo agotado es incapaz de ofrecer.
Asumida y exigida la necesidad de cambio, el horizonte proyectado cristalizó en la llamada Nueva Oficina Judicial a partir de las bases normadas en la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial de 2003. Es una evidencia la obsolescencia del modelo actual de juzgado y la necesidad imperiosa de obrar la transformación hacia el nuevo modelo. Y a este empeño se encomendó y, en muchos casos, precipitó el anterior equipo ministerial. De evidente obsolescencia se transitó en muchas ocasiones a obsesiva demonización del viejo modelo bajo la equivocada premisa que el simple alejamiento de ese modelo caduco proporcionaba necesariamente en el nuevo, efectos antagónicos de eficacia, eficiencia y aptitud.
Así lo advertimos en el Consejo en innumerables ocasiones en cada uno de los informes emitidos. La mera implantación no conduce necesariamente a obtener resultados positivos y por el sólo hecho que el modelo es distinto del anterior. También en éste es necesario cumplir unos principios de coherencia interna que permitan la propia viabilidad estructural del nuevo sistema. Respetando estas reglas básicas el nuevo modelo sí que estaría preparado para dar el salto cualitativo que la sociedad demanda de una administración moderna, de calidad y eficiente. Esa implantación vertiginosa a coste cero en todos los ámbitos, orgánicos, económicos y funcionales, sepultaba cualquier reflexión, recomendación o propuesta que, con el ánimo decidido de contribuir a la mejor implantación del llamado modelo NOJ, pretendía poner el acento en que todo el complejo y novedoso engranaje funcionase. Ésta es la palabra que faltó en el discurso ministerial: La preocupación esencial por que el nuevo modelo, además de existir, funcione.
Veo que esta preocupación es la primera que el Ministro de Justicia encarga a los nuevos cargos ministeriales y eso me genera renovadas expectativas pues parece plantear un escenario inicial de positiva recepción de los planteamientos que durante más de dos años hemos ido exponiendo en el Consejo del Secretariado. Nuestra primera y principal preocupación es y ha sido que la Nueva Oficina Judicial funcione.
Así pues, y a la espera de una pronta convocatoria del órgano consultivo, reitero expectación ante la nueva etapa. Prescindiendo de la infundada crítica del origen profesional del nuevo Secretario General de la Administración de Justicia, merece nuestro mayor y mejor voto de confianza. En el arte arquitectónico de la política el título es de atribución y no de condición. Toda valoración se ha de centrar en el proyecto y su posterior ejecución. Es el edificio construido o, en su caso, su ausencia, el que habrá de ser juzgado en su momento. El arquitecto acaba de llegar recién estrenado título. Sea bienvenido.
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